Del agua al arte: el deseo de preservar la vida (2da parte)

En aquellos tiempos se reconoció al agua como un elemento simbólico, y debe a las prácticas religiosas occidentales gran parte de sus distintos significados. La vida, como uno de los símbolos representativos de origen, puede apreciarse de entre los textos antiguos; por ejemplo en el libro del Génesis, el agua aparece como un elemento básico de la creación:

“En el principio, dios creó el cielo y la tierra. La tierra estaba sin forma y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo; y el espíritu de dios se movía sobre la superficie de las aguas”. (Gen; 1:1)

Después de separar la luz de las tinieblas, dios quizo crear el firmamento. Y dijo: “que exista un firmamento entre las aguas, que separe aguas de aguas. E hizo Dios el firmamento para separar las aguas debajo del firmamento, de las aguas de encima del firmamento. Y así fue. Y Dios llamo al firmamento: cielo. (Gen; 1:6).

Mas tarde, en el día cuarto, dios da origen a la vida de entre las aguas.

“Dios dijo: -Llénense las aguas de multitud de vivientes…” (Gen; 1:20)

En la Ilìada de Homero sucede algo parecido; solo que el origen de la vida se representa en “la dualidad de lo masculino y femenino” ya no hay un solo dios (recordemos que los antiguos griegos eran politeístas); Alejandro Tortolero en su -libro el agua y la historia-, nos cita a Thuillier (1990), quien explica y describe los significados cosmogónicos del agua en la Ilìada: “Homero representa al Dios del Océano como padre de los dioses.” Es un río poderoso que rodea el mundo, lo irriga y lo fertiliza; también encarna “el poder generador de todos los seres”. Su esposa Tethys es marina y “creadora de vida”.

Así pues, la cosmogonía del Génesis y la Ilìada de Homero, sugirieron los primeros significados simbólicos del agua. “El agua que engendra, vivifica y regenera”.

(parte 2)

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Del agua al arte: el deseo de preservar la vida (3ra parte)

Sin embargo, aun con la capacidad inspirativa generada tras el mito, la voluntad creadora del artista puede verse limitada, pues la inspiración tras la belleza del agua, no es a veces fuerza suficiente para impulsar a la acción, pues esta es solo un motor interior que evoca pensamientos; sin embargo existe otro vigor que impulsa a la creación: la motivación, una fuerza externa con un poder aún mayor.

En el mundo“… hay dos grandes corrientes de artistas, la de los que escriben, o pintan o fotografían con la intención de capturar la realidad tal y como es, para guardar memoria de lo que somos, de lo que nos ha pasado; y otro tipo de artistas que interpretan esa realidad, que la presentan en imágenes o situaciones que mas tarde ponen ante nuestros ojos con la intención de amplificar aspectos de la realidad que no percibimos y que no queremos ver… En ambos casos las obras artísticas son las representaciones de un pensamiento, pero también de una expresión.” (Esquivel, 2000).

Las experiencias de la vida, los problemas sociales, el contexto social entre muchos, son detalles que motivan a los hombres a generar cambios; en el artista, la motivación le impulsa a expresar su realidad, a mostrar a otros aspectos de la vida que quizás no pueden ver ni percibir, o simplemente se niegan a observar.

En tiempos del temprano cristianismo, explica Tortolero, como sacerdotes y obispos se enfrentaron a un gran problema, pues el culto pagano de manantiales y fuentes iba en contra de sus costumbres. “Lo esencial era impedir a los fieles venerar las fuentes”. Así que las autoridades no vacilaron en condenar los cultos paganos hacia el agua.

Avanzado el cristianismo (en tiempos del arte romanesco), Juan Pedro Despierto (1993) reconoce que “en el arte occidental, tan poco dado a la exaltación de los símbolos que no hubieran sido previamente divinizados por los intereses políticos o los mandamientos religiosos, el agua padecía una «Ignorancia» de sus posibilidades explicativas. De esta forma el conocido Tapiz de Bayeux (ca.1080), que relata, en su más estricta linealidad, la invasión normanda de los países sajones en Britania, utiliza el agua como un simple «carril» por donde circulan, con bélica facilidad, no sólo las temibles naves de características vikingas, sino toda una filosofía elemental de la furia para lo que no son necesarias otras naturalezas adyacentes”.

"Il Mare" del Tapix de Bayeux

"Il Mare" del Tapix de Bayeux

El agua, en el arte medieval de Occidente, difícilmente podía separarse del rígido marco impuesto por la cristianización de los elementos naturales.

(parte 3)

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Del agua al arte: el deseo de preservar la vida (4ta parte)

Situaciones históricas como estas, han sido motivo de cambio para un sinnúmero de artistas y hoy día continúan siendo un motor real de un impulso potencial extraordinario. (HELO; 2008 )

Prueba de ello, en tiempos recientes, la problemática global del agua, donde “500 millones de personas alrededor del mundo padecen escasez casi total de agua potable y se estima que llegarán a 2500 millones en el año 2025” (Revista Digital Astrolabio. Rosario; 2005).

Ante dicha situación, una cantidad innumerable de movimientos académicos y artísticos han actuado para concienciar al mundo sobre la idea de que, el ciclo del agua tiene características perpetuas, pero con la mano del hombre se ha obstruido dicho proceso y esto ha generado que las grandes reservas de agua dulce mermen de manera acelerada.

“Tierra, aire, fuego y…AGUA. La mayor parte del planeta y los seres vivos que en él habitan están hechos de agua. Es tan abundante que resulta casi una jugarreta que sólo el 6% de ella sea agua dulce y, que de esta porción, la mayoría se encuentre bajo tierra o en glaciares haciendo casi imposible su utilización por nosotros. De hecho solo contamos con 9.000 kms cúbicos de agua dulce al año para satisfacer los requerimientos de toda la humanidad; cantidad que sería suficiente si no fuera porque las aguas pluviales no se reparten equitativamente, sino que se concentran en las zonas templadas y en los trópicos húmedos. Así, van quedando zonas del mapa donde la escasez, por un lado, y el mal tratamiento del agua, por otro, producen 15 niños muertos por hora. El agua, por mucha que sea, es ahora un bien limitado.” Miguel Moreno Duhamel

Tan grande es la fuerza de los movimientos artísticos, que en veces la materia misma donde se mimetiza el arte, puede resultar pequeña ante la grandeza inspirativa del agua; de ello se han sucedido hechos como los del creador danés Olafur Eliasson; quien a principios de este año informo sobre un macroproyecto que durante el verano levantaría cuatro cascadas en Nueva York”

“Se trata de ver el agua de una manera diferente”, dijo Eliasson en una rueda de prensa en la que se presentaron los proyectos para las cascadas, que tendrán entre 30 y 40 metros de altura, casi tan altas como la Estatua de la Libertad de los pies a la cabeza. (planocreativo.wordpress.com)

Finalmente es así como el artista se inspira a la creación; grandes motivos y bellas inspiraciones, que juntas no son barrera de expresión alguna.

“El arte hizo siempre del agua un factor de meditación y de representación, de concreción de los sueños del hombre. Su ductilidad plástica, propia para todos los marcos, todas las facturas, la hizo servir también como vehículo expresivo de todas las culturas. Unida a la eclosión misma de la vida, el agua es símil igualmente de tiempo: mientras ella exista, aquél será «comprensible», esto es, habitado por la inteligencia humana.” (Despierto; 1993)

(parte 4)

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Al final la comprendía

Ayer acampè con mis amigos en un pequeño bosque cercano a mi ciudad; ahì, tuve la fortuna de asentarme en una lagunilla, donde vi un pequeño sapo sentado al filo de una roca (su pose me hizo pensar que saltaria a la lagunilla si me acercaba un poco mas); cuando le observè un poco màs de cerca, me percatè que su mirada perseguia el vuelo de una minuscula lucièrnaga, cual volaba un poco màs alto de lo que un habilidoso sapo pudiera brincar; cada vez que esta se acercaba, el pequeño sapo mostraba su lenguita como si esperase el momento oportuno para comerla de un bocado.

Al inicio fue un poco extraño ver como la lucièrnaga paseaba su vuelo sobre las narices del sapito -como presumiendo su resplandor ante la fealdad del sapo-. Al final, creo que el sapo humildemente la comprendìa, pues reconocìa su fealdad, y por ello, posaba sobre aquella roca todas las noches, sin importarle “el que dirìan”; despuès de todo, el sabìa que lo mejor era saltar todos los dias un poco mas; en tanto, la minuscula brillante, ingenua, continuaba pretenciosa en la oscura noche mostrando su reluciente cuerpecito, pues de dia…, solo podìa vagar en una tierra, donde nadie la observaba.

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Seguir Adelante

Sin embargo, ello ya no me interesa más.

Si volviese a caer, me levantare de nuevo y empezaré a caminar.

Para después…

Una vez curadas mis heridas…

Volver a correr.

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