De la esperanza
Mientras quede esperanza ¡seguiremos luchando!
Pero si la esperanza terminara ¡se que Dios continuará la batalla!
Mientras quede esperanza ¡seguiremos luchando!
Pero si la esperanza terminara ¡se que Dios continuará la batalla!

Niños trabajando Foto: soloenvenezuela.com
Cuando veía esta foto, vino a mi mente el recuerdo de tiempos similares…
Hace un par de años trabajé para una pequeña empresa de comida. Recuerdo que aún no cumplía la mayoría de edad, pero el trabajo estaba ahí y yo lo necesitaba. En pocos días aprendí el oficio y comencé a generar productos de calidad. Justamente una semana antes de salir de trabajar para aquella compañía, me pregunte si mi salario era realmente justo por el trabajo que yo generaba…
El negocio comenzaba sus actividades a partir de las cinco de la tarde; aproximadamente a las seis, se habrían las puertas del comedor a los clientes y estos llegaban casi a tiempo mismo de su apertura. Recuerdo que en total éramos 15 empleados menores, tres o cuatro de ellos atendían los pedidos de la clientela y los otros 10 ó 11 preparábamos los productos.
Ni uno ni otro dejábamos de trabajar. Había momentos en que un solo empleado debía generar la cantidad de productos similar al coste total de su sueldo (600 pesos), y así pasaban 4, 5, 6 horas y llegaba el momento de limpiar e ir a casa.
En esa semana pude concluir que, por dos o tres días de menor ventas en el mes, fácilmente se podían cubrir los sueldos mensuales de todos los empleados sin problema alguno. Las mesas eran alrededor de 20 y en ella por mínimo que fuera se sentaban 2 personas en promedio, calculando la compra del producto con menor valor y sus bebidas, el comprador pagaba mínimamente 100 pesos y en menos de media hora dejaba el lugar.
Imaginé que las 20 mesas recibían a los clientes al menos 4 horas y pude concluir que el negocio generaba ventas mínimas de ocho mil pesos por noche. Nunca conté los pedidos que se generaban a domicilio que eran también en dicha cantidad. Al menos 10 mil pesos se generaban tras 4 horas de trabajo.
Con ese calculo mensualmente, el negocio ganaba como mínimo 300,000 mil pesos al mes, pues nunca tenía días de descanso, más bien a los empleados les daban un día de descanso y lo rotaban. Es importante decir que 300,000 mil pesos es el resultado de las ventas, más nunca el resultado de las ganancias, que naturalmente es menor, pero no menor a la mitad, pues yo sabia que el dueño vendía el producto con una base y su costo final incluía la mano de obra, el coste de producción del producto más el doble de este para asegurar su producción.
Así pues el negocio debía asegurar 2,400 pesos a cada uno de sus trabajadores. Lo que en total debía saldar 36,000 pesos a sus empleados mensualmente. Despues, pensé que con esos 600 pesos que ganaba a la semana podía invitar a cenar a mi novia 3 veces a la semana a ese restaurante y mi saldo se quedaría el ceros. Así pues podía ir al cine un fin de semana y comprar unas palomitas y gastarme fácilmente una tercera parte de mi sueldo.
Finalmente me di cuenta que mi trabajo de 30 horas a la semana era valorado a 20 pesos la hora. En el negocio se vendía comida oriental: sushi, yakimeshi, tepanyaki. Un sushi tenía un valor minino de 50 pesos. Un sushi… de ese precio (el mas sencillo)… lo preparaba en 3 minutos…
Ayer acampè con mis amigos en un pequeño bosque cercano a mi ciudad; ahì, tuve la fortuna de asentarme en una lagunilla, donde vi un pequeño sapo sentado al filo de una roca (su pose me hizo pensar que saltaria a la lagunilla si me acercaba un poco mas); cuando le observè un poco màs de cerca, me percatè que su mirada perseguia el vuelo de una minuscula lucièrnaga, cual volaba un poco màs alto de lo que un habilidoso sapo pudiera brincar; cada vez que esta se acercaba, el pequeño sapo mostraba su lenguita como si esperase el momento oportuno para comerla de un bocado.
Al inicio fue un poco extraño ver como la lucièrnaga paseaba su vuelo sobre las narices del sapito -como presumiendo su resplandor ante la fealdad del sapo-. Al final, creo que el sapo humildemente la comprendìa, pues reconocìa su fealdad, y por ello, posaba sobre aquella roca todas las noches, sin importarle “el que dirìan”; despuès de todo, el sabìa que lo mejor era saltar todos los dias un poco mas; en tanto, la minuscula brillante, ingenua, continuaba pretenciosa en la oscura noche mostrando su reluciente cuerpecito, pues de dia…, solo podìa vagar en una tierra, donde nadie la observaba.