Del agua al arte: el deseo de preservar la vida (1ra parte)
El agua, así como la vida, es todavía un gran misterio; en la naturaleza, su origen, es aun incierto, los caminos que recorre pueden ser a veces equívocos; mientras que lo único certero es la llegada de un final; ante dicho desenlace, el hombre ha buscado la forma de inmortalizar el pensamiento, el sentimiento, la esencia, toda característica de aquello que valora; así pues, como lo menciona Laura Esquivel en el libro de las emociones “El deseo de conservar la vida, de mantener en perfecto estado todo aquello que se considera valioso, de inmortalizarlo, tal vez fue el motor que impulso el surgimiento del arte”.
Detrás del agua se mueve todo un mundo de experiencias, situaciones, mitos y emociones que inspiran y motivan al artista a crear; el agua es un liquido vital para la subsistencia de los seres vivos en el planeta; pero su naturaleza desprovista de animo, de vida, hace imposible que desde si misma se genere inspiración (evocación que mueve el pensamiento del hombre), contrario a lo que sucede con los seres vivos.
Es el hombre mismo quien, como a la rosa, ha dado al agua significados a través de sus mitos.
“Ante la certeza de que una flor se marchitará, existe la posibilidad de pintarla, de crear un mito alrededor de ella para que siempre viva en la memoria colectiva, para que su olor llegue a las generaciones futuras con la misma intensidad que en el presente” (Laura Ezquivel, 2000).
Las ideas alrededor del agua, creadas por el mito son las que recorren el pensamiento y evocan inspiración. Desde la antigüedad maravillosos relatos se han sembrado en la conciencia de los hombres y han permitido con el paso de los años generar símbolos, significados que representan distintas percepciones de la realidad y que hoy marcan la manera de ver al mundo.
(parte 1)
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