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Del agua al arte: el deseo de preservar la vida (3ra parte)

Sin embargo, aun con la capacidad inspirativa generada tras el mito, la voluntad creadora del artista puede verse limitada, pues la inspiración tras la belleza del agua, no es a veces fuerza suficiente para impulsar a la acción, pues esta es solo un motor interior que evoca pensamientos; sin embargo existe otro vigor que impulsa a la creación: la motivación, una fuerza externa con un poder aún mayor.

En el mundo“… hay dos grandes corrientes de artistas, la de los que escriben, o pintan o fotografían con la intención de capturar la realidad tal y como es, para guardar memoria de lo que somos, de lo que nos ha pasado; y otro tipo de artistas que interpretan esa realidad, que la presentan en imágenes o situaciones que mas tarde ponen ante nuestros ojos con la intención de amplificar aspectos de la realidad que no percibimos y que no queremos ver… En ambos casos las obras artísticas son las representaciones de un pensamiento, pero también de una expresión.” (Esquivel, 2000).

Las experiencias de la vida, los problemas sociales, el contexto social entre muchos, son detalles que motivan a los hombres a generar cambios; en el artista, la motivación le impulsa a expresar su realidad, a mostrar a otros aspectos de la vida que quizás no pueden ver ni percibir, o simplemente se niegan a observar.

En tiempos del temprano cristianismo, explica Tortolero, como sacerdotes y obispos se enfrentaron a un gran problema, pues el culto pagano de manantiales y fuentes iba en contra de sus costumbres. “Lo esencial era impedir a los fieles venerar las fuentes”. Así que las autoridades no vacilaron en condenar los cultos paganos hacia el agua.

Avanzado el cristianismo (en tiempos del arte romanesco), Juan Pedro Despierto (1993) reconoce que “en el arte occidental, tan poco dado a la exaltación de los símbolos que no hubieran sido previamente divinizados por los intereses políticos o los mandamientos religiosos, el agua padecía una «Ignorancia» de sus posibilidades explicativas. De esta forma el conocido Tapiz de Bayeux (ca.1080), que relata, en su más estricta linealidad, la invasión normanda de los países sajones en Britania, utiliza el agua como un simple «carril» por donde circulan, con bélica facilidad, no sólo las temibles naves de características vikingas, sino toda una filosofía elemental de la furia para lo que no son necesarias otras naturalezas adyacentes”.

"Il Mare" del Tapix de Bayeux

"Il Mare" del Tapix de Bayeux

El agua, en el arte medieval de Occidente, difícilmente podía separarse del rígido marco impuesto por la cristianización de los elementos naturales.

(parte 3)

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