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Al final la comprendía

Ayer acampè con mis amigos en un pequeño bosque cercano a mi ciudad; ahì, tuve la fortuna de asentarme en una lagunilla, donde vi un pequeño sapo sentado al filo de una roca (su pose me hizo pensar que saltaria a la lagunilla si me acercaba un poco mas); cuando le observè un poco màs de cerca, me percatè que su mirada perseguia el vuelo de una minuscula lucièrnaga, cual volaba un poco màs alto de lo que un habilidoso sapo pudiera brincar; cada vez que esta se acercaba, el pequeño sapo mostraba su lenguita como si esperase el momento oportuno para comerla de un bocado.

Al inicio fue un poco extraño ver como la lucièrnaga paseaba su vuelo sobre las narices del sapito -como presumiendo su resplandor ante la fealdad del sapo-. Al final, creo que el sapo humildemente la comprendìa, pues reconocìa su fealdad, y por ello, posaba sobre aquella roca todas las noches, sin importarle “el que dirìan”; despuès de todo, el sabìa que lo mejor era saltar todos los dias un poco mas; en tanto, la minuscula brillante, ingenua, continuaba pretenciosa en la oscura noche mostrando su reluciente cuerpecito, pues de dia…, solo podìa vagar en una tierra, donde nadie la observaba.

Categorías:Memorias Brevísimas
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